La guarida del nagual

Crónicas del fin del mundo

Arcelia y los pichones

Eran casi las siete y media cuando salí de la central, sentía frío en las piernas, estaba sucio y llevaba el periódico y la maleta en las manos. Así, aterido, subí desconfiado alprimer camión que dijera “centro”, como el más…

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